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Día de las escritoras: Enheduanna, la primera escritora de la Historia

Hace 50 siglos en la antigua Mesopotamia nació una mujer llamada  Enheduanna. En aquella época las mujeres eran poco más que una mercancía y un medio de procreación. Pero Enheduanna era sacerdotisa e hija de un rey: aprendió a leer y escribió poemas en tablillas de barro, e hizo algo que ninguna otra persona, hombre y mujer, había hecho hasta entonces: firmó su obra. Este lunes 15 de octubre se celebra el Día de las Escritoras, una ocasión para recordar la enorme brecha de género que existe en la literatura y que ha restado reconocimiento y ha condenado al olvido importantes plumas femeninas. Resulta paradójico que una de las menos conocidas sea precisamente la primera escritora de la historia, o todavía mejor: la primera persona en la Historia que firmó sus escritos, que tengamos constancia de ello.

Yo supe de la existencia de Enheduanna hace solo unos años, gracias a la nueva temporada de Cosmos capitaneada por el astrofísico Neil deGrasse Tyson. A ella y a su legado dedican un episodio que me dejó fascinada. ¿Cómo es posible que hasta entonces no hubiera tenido constancia de esta mujer tan importante de la Antigüedad?

Afortunadamente, en la serie le brindan el reconocimiento que merece: Enheduanna fue hija del rey Sargón I de Acadia, que fue también el primero en la Historia en crear un imperio. Una de las ciudades más importantes de su imperio era Ur, y Enheduanna se convirtió en Suma Sacerdotisa de esta ciudad y en un alto cargo de su gobierno. Se sabe que dictó leyes y que se convirtió en una figura muy influyente de su tiempo.

Escribió muchos poemas, los más famosos son himnos dedicados a su amada diosa Innana que han sobrevivido hasta hoy, de forma que sus palabras pueden leerse 5.000 años después de ser escritas en ladrillos de barro cocido.

Himnos a la diosa Innana, escritos por Enheduanna

Tablillas con los himnos a la diosa Innana, escritos por Enheduanna.

Se cree que Enheduanna fue expulsada de Ur por una revuelta provocada por su propio hermano, pero después regresó a la ciudad. Y sus himnos a Innana se convirtieron en cantos litúrgicos que pervivieron a lo largo de los siglos, y la convirtieron en una figura casi mística.

Pero Enheduanna fue una persona de carne y hueso, los vestigios arqueológicos así lo demuestran, en especial un disco de alabastro originaria del reinado de Sargón, donde se habla de ella.

Y su peculiar historia, el escaso reconocimiento de su mérito y su lugar en la literatura, me llegó muy adentro, por eso quise darle una presencia muy especial en El azor y los cuervos.

Los que ya hayáis leído este libro sabéis a qué me refiero, y qué papel tiene Enheduanna en una trama situada en  un mundo nórdico inspirado en la cultura vikinga. Si tenéis curiosidad, os espero entre sus páginas. 😉

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